Cuando llegamos a un predio en Morelia, lo primero que armamos es el equipo de doble anillo o el infiltrómetro de Porchet, según la accesibilidad del terreno y el tipo de suelo. Con Morelia asentada sobre una cuenca lacustre con depósitos de arcilla y limo, la tasa de infiltración varía mucho entre la zona del centro histórico y las laderas del sur. Por eso ajustamos la carga hidráulica y el tiempo de saturación previa para cada punto de medición. Antes de interpretar los resultados, conviene revisar la geotecnia vial cuando el proyecto incluye capas de rodadura que pueden sellar la superficie.

En suelos arcillosos de Morelia, la infiltración puede caer a 1×10⁻⁶ cm/s; sin el ensayo previo, los sistemas de drenaje fallan a los pocos meses.