En Morelia, el contraste entre suelos es marcado. Mientras que en la zona de Altozano el terreno presenta depósitos volcánicos arenosos y limos de baja plasticidad, hacia el centro histórico y el borde del lago de Cuitzeo encontramos arcillas expansivas y suelos lacustres de alta compressibilidad. Esta variabilidad exige soluciones adaptativas para la estabilización de taludes y plataformas. El diseño con geoceldas permite confinar el suelo granular o vegetal en celdas tridimensionales, distribuyendo cargas verticales y reduciendo la erosión superficial. En laderas de Santa María de Guido o en los accesos a la autopista Siglo XXI, este sistema evita el deslizamiento del material de relleno sin recurrir a muros de concreto masivos. Antes de definir la geometría de la geocelda, es necesario complementar con un estudio de clasificación de suelos que determine el índice de plasticidad y la granulometría del material de confinamiento.

El diseño con geoceldas reduce la erosión superficial en taludes de Morelia hasta un 80% comparado con cubiertas vegetales sin confinamiento.