Morelia creció sobre un terreno de lomas y barrancas; desde el siglo XVI la ciudad se asentó sobre depósitos de pie de monte y suelos residuales de origen volcánico. Esta topografía irregular, sumada a la expansión urbana hacia zonas de ladera, hace que el análisis de falla de taludes sea una necesidad recurrente en proyectos de vivienda, vialidades y obras hidráulicas. Antes de intervenir un corte o terraplén, conviene complementar la evaluación con un estudio de estabilidad de taludes para definir factores de seguridad en condición estática y sísmica.

En Morelia, un talud mal evaluado puede colapsar tras la primera temporada de lluvias si no se modela el flujo subsuperficial.